Cómo ser disciplinado cuando cuesta: lo que aprendí pedaleando cuando no quería

La disciplina no siempre se siente bien. Si usted espera sentirse listo, motivado y con todas las ganas para cumplir lo que se prometió, puede esperar mucho… y puede que nunca lo haga.

En mis más de 12 años compitiendo a nivel profesional en Downhill, ¿usted cree que siempre quise entrenar? ¿Que siempre estaba descansado? ¿Que mi cuerpo no dolía? ¿Que siempre estaba motivado?

Claro que no.

Por eso quiero hablarle de disciplina, de lo que aprendí durante tantos años en el alto rendimiento y sobre todo, de por qué creo que vale la pena aprender a cumplirse a uno mismo.

¿Por qué la motivación no alcanza?

Cuando el Downhill era mi vida entera, los resultados tardaban años en llegar. Sí, años. Si es que llegaban.

No había alguien constantemente diciéndome: “Vas bien, siga, todo esto va a valer la pena”.

Había entrenamientos. Había caídas. Había malos resultados. Había dolor. Y también estaba esa duda de no saber si todo ese esfuerzo realmente me iba a llevar a algún lado.

Tuve épocas oscuras y épocas confusas. Momentos en los que me preguntaba si lo que estaba haciendo era lo correcto.

Si la disciplina hubiera dependido solamente de las ganas, probablemente habría parado en alguno de esos momentos. Pero para mí la disciplina depende mucho más del objetivo que de las ganas.

¿Qué es realmente la disciplina?

Para mí es muy sencillo: Disciplina es cumplirse.

Es hacerle una promesa a uno mismo y cumplirla aunque nadie lo vea, nadie lo celebre y nadie esté ahí para aplaudir.

Pero para que esa disciplina tenga sentido, creo que tiene que existir una meta clara. Una meta ambiciosa, una meta que uno añore, que lo mueva y que haga que uno quiera darlo todo.

Porque si esperamos levantarnos todos los días con ganas de hacer algo que precisamente sabemos que nos va a costar, créame que va a ser complicado.

Cuando la meta es suficientemente importante para usted, cambia la conversación.

Y aquí pasa algo que me parece todavía más importante: cuando uno se incumple una y otra vez, no solamente está perdiendo un entrenamiento.

De alguna manera, le está enseñando a su propio inconsciente que ni siquiera puede contar con usted mismo.

Usted se creía fuerte, dijo que iba a hacer algo… y no lo hizo. Y cada vez que se incumple, aparece una nueva excusa y se hace un poquito más fácil volver a incumplirse.

Pero también funciona al contrario.

Cada vez que se cumple, aunque sea con algo pequeño, se demuestra: sí puedo contar conmigo. Y eso también se entrena.

¿Cómo es la disciplina cuando nadie aplaude?

Para mí vuelve nuevamente a tener una meta que uno realmente añore.

Le pongo un ejemplo muy sencillo.

Quiero hacer un Ironman o un medio Ironman en determinado tiempo. Sé que para lograrlo necesito correr a cierto ritmo, mantener cierto promedio en la bicicleta y nadar a determinado paso.

Entonces no necesito que alguien me esté esperando al final del entrenamiento para felicitarme.

Si un día miro los números y me doy cuenta de que ya estoy siendo capaz de mantener esos ritmos que antes no podía, ahí está mi pequeña victoria.

Nadie tiene que aplaudirla. Yo sé lo que significa.

Son pequeñas metas personales que, cuando uno mira los números objetivamente, muestran que se está acercando poco a poco a ese objetivo grande.

Para mí, eso también es disciplina cuando nadie está mirando.

¿Qué hago cuando mi cuerpo y mi cabeza dicen que pare?

En diciembre de 2024 hice en Cartagena mi primer Ironman 70.3. Tan pronto salí del agua ya sentía calambres en las piernas y pensaba: “Dios santo… todavía me faltan 90 kilómetros de bicicleta y 21 kilómetros corriendo.”

Podía parar. Nadie me estaba obligando a terminar. Nadie me estaba pagando por acabar esa carrera.

Pero la pregunta que me hacía era otra: ¿Fue para esto que entrené? ¿Fue para esto que dediqué todo ese tiempo a querer lograrlo?

Contra todo pronóstico, con mucho dolor y muchos calambres, logré terminar.

¿Y por qué? Porque la meta era clarísima. Yo quería acabar ese Ironman 70.3 a como diera lugar. Y cuando el objetivo importa lo suficiente, muchas veces aparece una capacidad que uno ni siquiera sabía que tenía.

Ver video: Mi preparación y expenciencia en mi primer Ironman 70.3 | Cartagena 2024

Cómo ser más disciplinado: seis reglas que me han servido

1. Haga una promesa que realmente pueda cumplir.

Póngase metas personales y empiece de menos a más. No diga de entrada que va a entrenar siete días a la semana o los 30 días del mes si lleva meses sin hacer nada. Sea realista. Propóngase dos días, después tres, y cúmplase. Primero demuéstrese que puede confiar en su propia palabra.

2. Decida antes, no durante.

Prepare las cosas desde el día anterior. Tenga un plan. Defina a qué hora va a entrenar y qué va a hacer. No deje todo para el último minuto, porque ahí es donde aparecen la incertidumbre, la duda, la pereza y las mil razones para no hacerlo.

3. Tenga un mínimo.

Si algo salió mal y no puede hacer lo que tenía planeado, haga por lo menos algo. ¿No pudo hacer una hora? Haga 20 minutos. ¿No pudo cumplir el entrenamiento completo? Haga una parte. Eduque a ese yo interior y demuéstrele que sí puede. Aunque sea poquito, haga algo. Créame que hace diferencia.

4. Empiece primero y decida después.

Se sorprendería de cuánto aguanta el cuerpo y de cómo cambia una vez entra en calor. Antes de salir puede doler. Puede dar pereza. Puede hacer frío. Puede parecer que hoy definitivamente no es el día.

Pero póngase los zapatos y empiece. Muchas veces, cuando ya está afuera, se va a dar cuenta de cuánto lo agradece.

5. Si falla, no espere al lunes.

La siguiente oportunidad de cumplirse no es la próxima semana, ni el próximo mes, ni el primero de enero. Es pronto. Es mañana.

Falló hoy, vuelva a intentarlo mañana. Cada día cuenta. Téngalo presente: cada día cuenta.

6. Que alguien lo sepa. Y si quiere, apueste.

Cuéntele a alguien lo que se prometió. Incluso haga una apuesta con un amigo. ¿Quién entrena más días? ¿Quién cumple primero el objetivo? ¿Quién llega más lejos?

A veces ese pequeño compromiso externo es suficiente para que, cuando aparezcan la pereza y las excusas, tengamos una razón adicional para no dejarlas ganar.

Y mi regla de oro

Por encima de todas las anteriores hay una que para mí es la más importante: Tenga una meta clara. Un objetivo que añore. Un sueño.

Porque la disciplina por la disciplina es difícil de sostener. Pero cuando uno sabe para dónde va, cuando realmente quiere llegar allá y cuando ese objetivo significa algo, cada entrenamiento, cada madrugada, cada sacrificio y cada pequeña decisión empieza a tener una razón.

Trabaje por eso. No tiene que hacerlo perfecto todos los días.

Pero siga avanzando. Porque, como siempre digo, cada día cuenta.

Su turno

Piense en esa meta que lleva tiempo queriendo conseguir. No piense todavía en todo lo que falta. Piense en lo que puede hacer hoy para acercarse un poquito.

Y cúmplase.

Siga leyendo: Usted no necesita ver la meta para soltar el freno

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