Cómo diseño el año más difícil de mi vida y por qué lo hago a propósito

Cada año, en algún momento entre octubre y diciembre, me siento a hacer una pregunta que incomoda: ¿Qué voy a elegir este año que tenga un 50% de probabilidad de no terminar como me imagino?

No es masoquismo. Es diseño.

Llevo años haciéndolo (unas veces con nombre, otras sin él) y puedo decirle con certeza que los años donde tuve ese reto fueron los que más me construyeron. No necesariamente los mejores en resultados. Los que más me dejaron sentirme realmente vivo.

De la intención a la ejecución

El proceso funciona así:

Primero, elijo algo que me genere un nudo en el estómago solo de pensarlo. No porque sea peligroso, sino porque no sé si puedo terminarlo en los tiempos que quisiera. Sí sé que puedo, no sirve. Sí me parece imposible, tampoco. Tiene que estar exactamente en esa zona donde existe duda real.

Segundo, diseño la preparación. Qué tengo que hacer, cuánto tiempo, con qué frecuencia. Nada improvisado. La preparación no es opcional, es donde ocurre el 91% de la transformación.

Tercero, se lo cuento a mi esposa, así sea para que me diga: otro reto? Lo hago para que exista un testigo de que esto es real, no solo una idea.

Y cuarto, esto es lo más importante: defino de antemano qué significa "cumplir". No el resultado externo, sino el proceso. ¿Entrené lo que dije? ¿Me presenté cuando no tenía ganas? ¿Cumplí con el compromiso conmigo mismo?

Si la respuesta es sí, gané. Independiente de la medalla.

Mi hoja de ruta para 2026

Este año tengo 3 grandes retos: el Mundial Master de Downhill en Chile. Tres meses de preparación. Una carrera de tres minutos. Un segundo puesto. 

Y para el segundo semestre se me vienen el Andorra Epic y el Swiss Epic, dos de los eventos más famosos de Cross Country del mundo donde en cuatro etapas de pura montaña, se combina altitud, senderos técnicos y un entorno salvaje con fuertes desniveles. Y que además se hace en pareja, cosa que nunca he hecho en mi vida. 

¿Cumplí? Para el primero sí. Cada sesión, cada renuncia, cada madrugada. Los otros dos, en eso ando, preparándome. 

Y ahí está la diferencia entre vivir esperando resultados y vivir construyendo identidad y sintiéndome vivo.

Los resultados van y vienen. La identidad se queda.

Si quiere empezar a sentirse vivo de verdad, saliéndose de vivir en modo automático, empiece por El Primer Paso. No se arrepentirá.

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